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Operación biquini: ¿Por qué fracasan las dietas?

Operación biquini: ¿Por qué fracasan las dietas?

Dago Alcaraz es el ejemplo de que la combinación entre aprender a comer mejor y hacer deporte da buenos resultados. | Héctor Estévez

Comienza la operación biquini. Se acerca el momento de lucir palmito en la playa este verano y todo el mundo aprieta el acelerador. Las búsquedas en Google respecto a las dietas se incrementan en estos meses, y las opciones se multiplican. Keto o cetogénica, ayuno intermitente, détox con zumos en tres días… Todo encaminado a soluciones exprés, casi milagrosas. Los seres humanos queremos todo para ya. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que una bajada de peso no tiene más misterio que el ejercicio físico combinado con el déficit calórico (ingerir menos calorías de las que gastas). Y tiene que hacerse de forma saludable, sin que nos produzca estrés o desequilibre nuestra vida. Una buena alimentación no consiste en hacer las cosas bien porque llegue el calor y el resto del año estar a base de procesados. “Una nutrición que te haga sentir bien cuando te mires al espejo pero te mantenga todo el día con asiedad, pensando constantemente en restricciones o que te haga sentir bajo de energía no puede ser buena. Por eso, y dado que el entrenamiento siempre está ligado a una correcta alimentación, apostamos por el programa Eat Fit, que te enseña a tomar mejores decisiones mantenidas en el tiempo, por lo que logramos adherencia”, explica Dago Alcaraz, coach de CrossFit Coraje y con una participación muy activa en este plan.

Todo está conectado, desde el descanso al ejercicio que hacemos y cómo comemos. “Alimentar la cultura del buen comer es ayudarnos a nosotros mismos a llevar una vida saludable”, cuenta Dago Alcaraz. Puede haber gente muy delgada porque su genética es así de agradecida y, sin embargo, que sus resultados en análisis no sean nada óptimos si se alimenta a base de productos industriales, por lo que el peso no es un indicativo de ello. Lo mismo ocurre cuando ganamos músculo, desliza el coach, porque probablemente aumentaremos nuestro peso porque hemos ganado masa muscular, pero hemos bajado nuestro porcentaje de grasa y estaremos más sanos aunque la báscula marque más.

Basa tu dieta en comida real

Lo que suele ocurrirnos con la comida es que tiene un componente psicológico muy importante. “Si nos sentimos emocionalmente mal porque nos ha dejado la pareja, por ejemplo, tomamos chocolate o vamos a la nevera y la asaltamos. Cuando estamos felices pasa lo mismo, nos vamos de cervezas y no medimos. Cuando tienes al otro lado un entrenador que te guía, que corrige o potencia tus resultados es más fácil tomar mejores decisiones. Se trata de perder peso y verse bien, sí, pero hacerlo a través de una guía para aprender a comer con buenas combinaciones de alimentos, regular la cantidad y la calidad correspondiente a la energía que gastas y, sobre todo, encontrar lo que nos funciona a cada uno”.

Seguramente, alguna vez en tu vida has hecho una dieta o has consultado a un nutricionista pero, según lo has dejado, has vuelto a tus hábitos de siempre, recuperando lo perdido. Lo primero que se hace desde el programa Eat Fit es analizar nuestro día a día. Quizá estás comiendo más de lo que piensas, no tomas la suficiente proteína, te mueves poco, llevas mucho tiempo a dieta, te relajas demasiado el fin de semana… Estancarse en la pérdida de peso es frustrante, pero estos estancamientos son también oportunidades de aprendizaje. “No queremos un menú estricto, preferimos una buena nutrición donde domine el color verde”.

Trucos para tomar mejores decisiones

Mira tu plato, y observa la verdura que hay en cada una de tus comidas, comparándola con los alimentos procesados, más baratos sí, pero repletos de aditivos. “Un buen truco es fijarse en las etiquetas, para que tengan los menos ingredientes posible. Si ves una Biblia, no eches ese producto en tu cesta de la compra. En Estados Unidos, el 70% de muertes se podrían evitar con hábitos saludables, imagínense todos los recursos públicos que nos ahorraríamos y las enfermedades prevenibles que evitaríamos”, sentencia Alcaraz.

Otro de los consejos es ir a la compra sin hambre, para no caer en caprichos. “Si te entra hambre, siempre es mejor ir a por la fruta a la nevera que tener un alimento que no es tan bueno nutricionalmente a mano, para no caer. Si crees que no te va a dar tiempo, deja la fruta ya cortada en un tupper la noche anterior”.

El problema principal con las dietas, prosigue Dago, es que te dan un papel con una prescripción, por ejemplo: “Come tres huevos, pechuga de pavo, esta verdura y nos vemos en tres semanas”. Y no se trata de estar restringido siendo perfecto en la alimentación, sino de llevar un progreso constante. Las dietas suelen regular las calorías o la cantidad, pero no dan las claves para mejorar nuestra combinación para que sea de calidad y saciante. “No hay mayor maestría que la de uno mismo. Aquí compartes ideas de comidas con tu coach, cada semana se te van mandando vídeos con consejos personalizados y, por tanto, el feedback es constante. Sin un papel que cuando te quitan no sabes seguir, sino con tus propias decisiones conscientes basadas en el aprendizaje. Cuando das todo lo que tienes cuesta esfuerzo, pero el resultado vale la pena”.

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